Nadie llama el primer mes
Se llama después de años. Cuando ya no queda una conversación difícil, sino cuarenta apiladas unas encima de otras. Cuanto antes se descuelga el teléfono, menos hay que desenredar.
Sesenta minutos contigo y tu coach. Sin cámara, sin consulta y sin tener que explicárselo a nadie. Cuelgas sabiendo qué está pasando y qué hacer con ello.
Sin suscripción. Reservas la hora que quieres y ya está.
60 minutos
Completos, sin reloj a la vista
Solo voz
Ni cámara ni pantalla
Confidencial
No se graba nada
Cancela gratis
Hasta 24 h antes
Casi nadie pide ayuda cuando aparece el problema. Se pide cuando ya llevas tanto tiempo con él que te parece el paisaje normal de tu casa.
Se llama después de años. Cuando ya no queda una conversación difícil, sino cuarenta apiladas unas encima de otras. Cuanto antes se descuelga el teléfono, menos hay que desenredar.
Y eso, que se agradece, no arregla nada. Te quieren y por eso solo escuchan tu versión. Una hora con alguien que no está de tu parte ni de la suya vale más que veinte cafés de desahogo.
Puedes saberte de memoria los tipos de apego y seguir teniendo la misma bronca cada domingo. Lo que cambia las cosas es decirlo en voz alta y salir con algo concreto que hacer el martes.
Tres formas distintas de empezar una llamada y lo que apareció dentro de ellas.
Laura, 41
Doce años juntos, dos hijos
Llamó por el lavavajillas
Los platos solo eran el sitio por donde salía.
Reservó después de una discusión por quién había dejado los platos sin meter. Se sentía ridícula contándolo: era una tontería y lo sabía. A los veinte minutos de llamada apareció lo otro, lo que llevaba tres años sin decir en voz alta: que había dejado de sentirse mirada. No por su marido en concreto, sino por nadie.
Salió de la llamada con una conversación pendiente y las palabras exactas para empezarla. La tuvo el jueves siguiente.
Andrés, 36
Cuatro años de relación
Llamó para que alguien le diera permiso para irse
No quería dejar a su pareja. Quería dejar de vivir como habían decidido tres años atrás.
Lo dijo tal cual en el primer minuto: «necesito que alguien de fuera me diga que está bien dejarlo». No se lo dijimos, porque esa no es nuestra faena. Le preguntamos qué era exactamente lo que quería dejar. Tardó cuarenta minutos en darse cuenta de que hablaba de un acuerdo, no de una persona.
No lo dejó. Renegociaron el reparto de la casa, los fines de semana y el dinero. Un año después siguen juntos y, dice, mejor.
Carmen y Diego, 54 y 57
Veintinueve años casados
Llamaron porque el silencio se había vuelto raro
No había enfado. No había nada. Y eso asustaba más que una bronca.
El pequeño se fue a estudiar fuera en septiembre y en octubre ya no sabían de qué hablar durante la cena. Hicieron la llamada juntos, en manos libres, en el coche aparcado delante de casa.
Se llevaron una tarea sencilla y algo incómoda: preguntarse cada domingo una cosa que no supieran del otro. Siguen haciéndolo.
Historias compuestas a partir de situaciones habituales en las sesiones. Los nombres y los detalles son ficticios; no son testimonios de clientes reales.
Reservar aquí se parece más a pedir cita en la peluquería que a entrar en una consulta.
Abres el calendario, coges el hueco que te venga bien y dejas tu teléfono. Treinta segundos.
A la hora exacta suena tu móvil. Sesenta minutos para ti, sin cámara y sin sala de espera.
Una hora entera hablando de lo que pasa, sin que nadie te corte. Al colgar sabes qué tienes delante y por dónde empezar.
No hace falta que tu tema esté en esta lista. Sirve para que veas el terreno.
Dejar de discutir por el tono y empezar a entenderos por el fondo.
Cómo frenar una discusión antes de que se desborde y, sobre todo, cómo arreglarla después.
Celos, transparencia, promesas rotas y la reconstrucción lenta de lo que se agrietó.
Ritmos distintos, iniciativas que no se recogen, afecto que se enfrió con la rutina.
Quién lleva la agenda invisible de la casa y por qué eso acaba pasando factura.
Hijos, mudanzas, dinero, carreras. Las decisiones grandes que lleváis meses aplazando.
Amigos, aficiones y silencio propio sin que el otro lo lea como distancia.
Suegros, ex parejas, hijos de antes y amigos que opinan de más.
Iros a vivir juntos, un bebé, un despido, una enfermedad. Donde más parejas se rompen.
Seguir o no seguir, dicho en voz alta y sin que nadie te empuje hacia un lado.
Preferimos decírtelo antes de que pagues que después.
En cualquiera de estos casos te orientamos hacia un profesional colegiado. Si hay riesgo inmediato: 016 (violencia de género, no deja rastro en la factura) o 024 (conducta suicida). Ambos gratuitos y 24 h.
Sin cuotas, sin permanencia y sin paquetes de seis meses que no pediste.
Una llamada de 60 minutos
45 €
Pago único. Ni cuotas, ni bonos, ni permanencia.
Llamada de 60 minutos por 45 €. Sin suscripción y sin lista de espera.
No quedan horas libres este mes. Prueba con febrero.

Coach de relaciones certificada
«Llevo doce años sentada al otro lado de conversaciones difíciles.»
Empecé acompañando a personas que querían cambiar de trabajo y acabé descubriendo que, en el noventa por ciento de los casos, lo que de verdad les pesaba era lo que pasaba en casa.
No trabajo con teorías bonitas ni con frases de taza de desayuno. Trabajo con lo que te está pasando esta semana: la conversación que evitas, la decisión que aplazas, la frase que dijiste y no querías decir. Y de ahí sacamos algo que puedas hacer.
No soy psicóloga y no hago terapia. Hago coaching, que es otra cosa: miramos hacia delante, ponemos objetivos y los perseguimos. Cuando alguien necesita algo distinto, se lo digo el primer día.
No. Mucha gente empieza sola porque su pareja todavía no quiere, o porque quiere aclararse antes de plantear nada. Funciona igual. Y si preferís hacerla en pareja, se puede: nos ponéis en manos libres y hablamos los tres.
Porque sin cámara se habla más claro. No hay que buscar un rincón presentable de casa, ni mirarse la cara mientras dices lo que llevas meses callando. Puedes hacerla andando por la calle o sentada en el coche.
Es lo más normal del mundo y no hace falta que traigas nada preparado. Empezamos por lo que te haya hecho reservar esta llamada, aunque lo cuentes desordenado. Ordenarlo es parte del trabajo.
No, y es importante decirlo claro. Esto es coaching: trabajamos con lo que pasa hoy y hacia dónde quieres ir, con objetivos y ejercicios concretos. No hacemos diagnósticos ni tratamos problemas de salud mental. Si en algún momento vemos que lo que necesitas es otra cosa, te lo diremos y te orientaremos.
Completamente. Lo que se habla en la llamada no sale de la llamada. No se graban las sesiones y tus datos no se comparten con nadie.
Sí, hasta 24 horas antes y sin coste, desde el enlace que te llega al reservar. Si te surge algo con menos margen, escríbenos y buscamos encaje.
Hay quien con una llamada ya ve lo que tenía que ver. Lo habitual son entre cuatro y seis para que un cambio se asiente. No vendemos programas cerrados de meses: decides sesión a sesión.
Elige un hueco esta semana. Si luego no era el momento, lo cambias sin coste.
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